El sueño tras el ser humano

3 Nov
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La he visto 27 veces y aún la disfruto como si fuese uno de sus personajes. Uno que salía a explorar los matorrales adyacentes al campo de asfalto donde llegaban uno a uno los muchachos, cada quíen colocaba una base hasta que armaban el diamante, y la emoción crecía como la de Ray Kinsella cuando escuchaba la voz que le decía “Constrúyelo y él vendrá”. La imagen de Fenway Park repleto en una noche cuando apareció el nombre de Moonlight Graham en la pizarra, dibujó todos los cuentos de mis hermanos sobre Vidal López, Camaleón García, el estadio municipal de Cumaná y el estadio Universitario de Caracas. Siempre se iban a jugar al campo de asfalto. Era el momento más felíz para ellos, similar a la alegría de Ray Kinsella cuando vio a Joe Shoeless Jackson en el campo de béisbol que construyó. Ni siquiera los regaños más amargos de papá les borraba a quella sonrisa de estar sobre aquel asfalto. Se paraba en la esquina con los brazos en jarra y los llamaba. Yo le templaba los dedos. “¡Déjalos jugar!” Pero seguía llamándolos hasta que volvían con el rostro en el pecho. Luego de almorzar me escondía un rato bajo la cama. Cuando escuchaba los ronquidos, salía en puntillas hacia la puerta de la calle. La mirada se me perdía en la inmensidad del diamante de asfalto. Veía cuentos y poesías de Terence Mann y Andrés Eloy Blanco levitar entre el home de cartones de leche y la segunda base de hojas de tabaquero. Veía a Joe Shoeless Jackson y sus compañeros entrar al diamante desde el maizal. Las bromas y el ambiente competitivo me lanzaban hacia el asfalto justo en el momento cuando los muchachos escogían los equipos. La felicidad fluía por mis venas y sentía todas las hojas del maizal en el rostro. La silueta de papá en la esquina me paralizó el guante. Casi se me cae de las manos. El pitcher lanzó y salió un roletazo por mis predios. Agarré la pelota y lancé a primera. Papá se empinaba detrás de tercera base. Empecé a salir del campo. Me abrazó entre tercera base y el home. “Sigue jugando. Si eso te hace feliz, a mi también”. Corrí hacia segunda base con la misma emoción que siento cada vez que veo esa maravillosa película “El campo de los sueños”. Viéndola se entiende mejor porque el béisbol es una metáfora de la familia, todo empieza y termina en el hogar.

Alfonso L. Tusa C.

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